1. El Manuscrito de Chichicastenango figura en primera línea entre los documentos escritos por los indios en caracteres latinos. Su autor fué indudablemente uno de ls primeros discípulos que aprendieron de los frailes el arte maravilloso de la escritura fonética. El cronista quiché sabía que existió antiguamente un libro que contenía las tradiciones e historias de su pueblo y tuno la feliz inspiración de reproducirlas en ete documento.
  2. Genêt et Cherlbatz creen ver en él la traducción de una manuscrito quiché jeroglífico y afirman que ningún otro documento maya-quiché puede comparársele. [1] Bancroft también creía que el manuscrito quiché era traducción de un copia literal du un verdadero libro original, escrita por uno o más indios de aquella raza, en lengua quiché y con letra romanas, después de su pérdida o destrucción. [2]
  3. El Profesor Max Müller, en un excelente resumen acera de esta obra, la califica de composición literaria en el verdadero sentido de la palabra, exposición de la mitología y la historia de las razas civilizadas de la América Central. Cree que es un documento auténtico, que ocupa un lugar muy prominente entre las obras compuestas por los indígenas en su proios idioma y con auxilio de las letras del alfabeto romano. Agrega que en él cuenta el autor los episodios y consejas que oyó de niño, siguiendo sus propios recuerdos, y que pretender extraer de estos recuerdos, y que pretender extraer de estos recuerdos una historia seguida es sencillamente imposible. [3]
  4. El autor del Manuscrito dice que lo escribe porque ya no se ve el Popul Vuh, o sea el Libro Común original, como lo llama Ximénez. Parra identificar ese libro original no tenemos otros datos que los que consigna el desconocido autor del libro quiché. Sin embargo, por el conocimiento que se posee del sistema de escritura de los indios americanos con anterioridad a la Conquista, cabe dudar que le libro antiguo quiché haya sido un documento de form fija y redacción literaria permanente. Más bien debe suponerse que haya sido un libro de pinturas que los sacerdotes interpretaban ante el pueblo para mantener vivo en él el recuerdo de los orígenes de la raza y los misterios de su religión.
  5. Lewis Spence observa que en la época de la Conquista la escritura entre los indios se hallaba en estado de transición y que no podía haber existido mucho tiempo una versión del Popol Vuh vaciada en formal en forma literaria fija; y que lo más probable es que haya ido pasando de boca, siguiendo una manera de conservación literaria que era muy común entre los pueblos de América. [4] Todos los pueblos del mundo han acostumbrado conservar sus leyendas y tradiciones por transmisión oral, antes de la invención de la escritura y de la imprenta. En el capítulo anterior se ha visto cómo hacían los indios de México que los jóvenes de su raza aprendieran las arengas de sus grandes hombres y los hechos notables de su historia. Además, en América, como en el Viejo Mundo, había rapsodas que mantenían el espíritu nacional con su evocación de las glorias y leyendas de los tiempos que fueron.
  6. El Manuscrito de Chichicastenango carece de título. Comienza directamente con estas palabras: “Este es el principio de las antiguas historias de este lugar llamado Quiché. Aquí escribiremos y comenzaremos las antiguas historias, el principio y origen de todo lo que se hizo en la cuidad del Quiché, por las tribus de la nación quiché.”
  7. Y dos párrafos más lejos dice el narrador: “Esto lo escribiremos ya dentro de la ley de Dios, en el Cristianismo; lo sacaremos a luz porque ya no se ve el Popol Vuh, así llamado, donde se veía claramente la venida del otro lado del mar, la narración de nuestra obscuridad y el conocimiento claro de la vida. Existía el libro original, escrito antiguamente; pero su vista está oculta al investigador y al pensador.”
  8. “Lo cierto es —dice Ximénez— que tal libro no pareció nunca, nii se ha visto, y así no se sabe si este modo de escribir era por pinturas, como los mejicanos, o por hilos como los peruleros: puédese creer que era por pinturas en mantas blancas y tejidos.” [5] Este era el sistema gráfico corriente en México y Guatemala, y el Padre Sahagún, escribiendo en el siglo XVI, dice que se informó de las antigüedades de la Nueva España directamente con los indios, y agrega: todo lo que conferimos me lo dieron por pinturas”. [6]
  9. El Popol Vuh era también el libro de las profecías y el oráculo de los reyes y señores, según refiere el autor del Manuscrito en otro pasaje, donde dice que los reyes “sabían se se haría la guerra y todo era claro ante sus ojos; veían si habría mortandad o hambre, si habría pleitos. Sabían bien que había donde podían verlo, que existía un libro por ellos llamado Popol Vuh”. [7] Y en el párrafo final, el cronista quiché declara con acento melancólico que lo que en su obra ha referido es puede verse el [libro Popol Vuh] que existía antiguamente, [así llamado] por los reyes, pues ha desaparecido”.
  10. ¿ Cómo y cuándo se perdió el libro del Quiché ? El autor del Manuscrito dice únicamente que en su tiempo ya no se veía, que estaba oculto y que se había perdido. Probablemente desapareció en medio de la catástrofe que destruyó el reino quiché, y es posible que haya sido consumido por las llamas durante el incendio de Utatlán.
  11. El Profesor Max Müller criticaba al Abate Brasseur de Bourbourg por haber sancionado la aplicación del nombre Popol Vuh al Manuscrito de Chichicastenango, y porque, al tranducirlo al francés, le dió el título de Le Livre Sacré, en lugar de Libro Nacional o Libro del Consejo, como proponía Ximénez. [8] Otros escritores, siguiendo el ejemplo de Müller, han repetido estas objeciones; pero el hecho es que el nombre de Popol Vuh ha sido aceptado por la generalidad y continúa usándose para designar el libro del Quiché. Además, si se leen con atención las palabras del preámbulo del Manuscrito, que se han copiado más arriba, se notará que ellas indican con toda claridad el propósito del autor al redactar este documento, que fué suplir la falta del libro antiguo que se había perdido; y en tal concepto puede considerarse su obra, escrita en tiempo de la cristiandad, o sea después de la Conquista, como un sustituto del Libro Nacional, como una reconstrucción y una nueva versión de las narraciones que se habían conservado en el venerable volumen, ya desaparecido.
  12. El desconocido autor del Manuscrito quiché revela, por las palabras que emplea al describir el Libro del Consejo, que conocía su contenido. Sin duda con auxilio de su prodigiosa memoria y de sus brillantes dotes de escritor, pudo redactar una transcripción de las tradiciones e historias antiguas de su raza, que posiblemente es más clara y completa que el original, por haber sido ejecutada con ayuda de la escritura fonética, que aventaja como medio de expresión a la jeroglífica y pictográfica de que habían hecho uso sus antepasados.
  13. Estas historias y creencias de los indios eran comunes todavía a principios del siglo XVIII, y Ximénez refiere que estando en el curato de Santo Tomás Chichicastenengo, por aquel tiempo, halló que ellas eran la doctrina que los indios primero mamaban con la leche y que todos ellos casi la sabían de memoria. Y agrega que luego descubrió “que de aquestos libros tenían muchos entre sí”.
  14. Por su parte, el Canónigo Ordóñez y Aguiar afirma en la introducción de su Historia de la Creación del Cielo y de la Tierra, escrita en la última década del siglo XVIII, que un indio primero que le franqueó el manuscrito de la Probanza de Votán le ofreció también darle el original de aquella misma historia (la de las creencias de los indios del Quiché que tradujo Ximénez); pero que con la muerte del indio ya no pudo conseguirla. [9]
  15. Como se ha dicho antes, Ximénez creía que las tradiciones de los quichés se habían conservado en pinturas y que, hacia el tiempo de la conquista española, los indios las redujeron de dicho sistema de escritura al sistema gráfico castellano. Esta es también la opinión de un investigador moderno, Rudolf Schuller, quien opina que la mayor parte del Popol Vuh, o sean las tradiciones antiguas, deben considerarse únicamente como una interpretación de uno, o tal vez de muchos escritos pictóricos de los quichés, perdidos desde hace mucho tiempo. [10]
  16. El Abate Brasseur de Bourbourg, que tan profundamente estudió y comentó el Manuscrito de Chichicastenango, creía también que este documento había sido copiado, en parte, de los libros antiguos; y observaba que el compilador, hombre de gran educación y de elevada alcurnia, lo había redactado en un quiché de la mayor elegancia. He aquí…

NOTES:


  1. Genêt et Chelbatz, p. 46. ↩︎

  2. Bancroft, 1883, vol. III, cap. II. ↩︎

  3. Müller, 1867, cap. XIV. ↩︎

  4. Lewis Spence, 1908. ↩︎

  5. Ximénez, 1857, p. 161. ↩︎

  6. Sahagún 1938, t. 1. ↩︎

  7. Popul Vuh, 4th parte, cap. XI. ↩︎

  8. Müller, 1867, cap. XIV. ↩︎

  9. Ordóñez, p. 8, nota. ↩︎

  10. Schuller, 1931. ↩︎